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Las rutas como “agente matrimonial” del patrimonio y el turismo

Las salinas de Imón, en Guadalajara, por las que discurre una de las Rutas de Don Quijote. Están catalogadas como Bien de Interés Cultural, aunque su protección ha sido a todas luces insuficiente

Las salinas de Imón, en Guadalajara, por las que discurre una de las Rutas de Don Quijote. Están catalogadas como Bien de Interés Cultural, aunque su protección ha sido a todas luces insuficiente

Se suele decir que la conservación del patrimonio es incompatible con el turismo, actividad que pretende hacer uso y disfrute de él. Todos tenemos en la mente a Venecia como ejemplo de la presión que puede llegar a ejercer el turismo sobre el patrimonio, al que paradójicamente se suele necesitar para financiar su conservación. En el ámbito rural, en cambio, se tiende a ver el turismo como la panacea para resolver los problemas crónicos de falta de financiación para la conservación de un patrimonio mucho más modesto. Imaginamos que la llegada de los urbanitas a nuestras casas rurales automáticamente nos va a permitir recuperar esa ermita o ese palacio que están abandonados, aunque el visitante por lo general orienta sus intereses a actividades más mundanas y ese patrimonio queda invisible a sus ojos. Entre estos dos extremos, las rutas han sabido encontrar un camino intermedio que beneficia a ambos de una forma serena y sostenible. Si te interesa, sigue leyendo…