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Desde el otro andén: ferrocarril y vía verde del Tarazónica

Historia del Ferrocarril

vía verde del TarazónicaEl 1 de enero del año 1886 se inauguraba un modesto ferrocarril de vía estrecha que unía la localidad de Tudela en Navarra y la población zaragozana de Tarazona. Los principales objetivos de su construcción eran dar salida a los productos agrícolas e industriales de la comarca, así como paliar la pésima comunicación que sufría esta zona rural.

Los vecinos de las localidades por las que discurría esta línea lo llamaban “el Trenico”, “el Tarazonica” o “el Escachamatas”; le tenían un cariño especial porque desde su inauguración se convirtió en la seña de identidad de este valle. Las gentes del lugar todavía recuerdan la poca eficiencia y lentitud de este entrañable ferrocarril.

En total eran 21,389 km de vía métrica, con seis estaciones, y era explotada por la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España. Los primeros 13 kilómetros del recorrido el tren atravesaba tierras navarras, para adentrarse después de lleno en la provincia de Zaragoza. En el PKm 0 se encontraba la estación de Tudela de Navarra, en el PKm 7 el apeadero de Murchante, en el PKm 11 la estación de Cascante, en el PKm 13 el apeadero de Tulebras, en el PKm 16 la estación de Malón, y finalmente en el PKm 22 la estación de Tarazona.

Durante varios años, este ferrocarril dinamizó la vida social y económica del valle del Queiles, ya que su principal objetivo era acercar el valle al exterior. Pero el desarrollo que provocó en la comarca no era suficiente, y por ello las autoridades buscaron prolongar la línea hasta Calatayud para conectarla con Zaragoza. Pero el ancho de vía era diferente y la existencia de compañías privadas dificultó esta decisión. Por ello, el ferrocarril siguió estando limitado al ámbito regional, paliando únicamente las pésimas comunicaciones de la zona, pero quedando casi incomunicada con el exterior.

Hace algunas décadas, las ciudades de Tarazona, que actualmente posee 10.000 habitantes y Tudela, que cuenta ahora con unos 30.000 empadronados, estaban más equilibradas en cuanto al número de habitantes. Ambas localidades ejercían de centro comercial y neurálgico del valle del Quiles, y los habitantes de las localidades vecinas acudían tanto a Tudela como a Tarazona para satisfacer sus necesidades médicas o comerciales. En su primera época como ferrocarril de vía estrecha, este simpático tren, alcanzaba una media de 20 km / hora para subir a Tarazona, y de 40km / hora al bajar hacia Tudela. Como se ha comentado antes, además de trasladar viajeros, este tren transportaba tanto remolacha como otros productos agrícolas.

El 1 de abril de 1928 una noticia que fue publicada en la Gaceta de los Caminos de Hierro anunciaba que se había estudiado y emitido un informe favorable para llevar a cabo la ampliación del ancho de vía del Ferrocarril de Tudela a Tarazona. Sin embargo, esta ampliación no llegó hasta el año 1952. Así pues, entre los años 46 y 52 se llevaron a cabo las obras para adaptar la línea a su nuevo gálibo, y al comenzar el año 1953 fue reinaugurado como ferrocarril de ancho ibérico. RENFE iniciaba esta segunda época en la que el ferrocarril pasó de tener una velocidad media de 20 o 40 km por hora, a alcanzar los 90 km / hora. Aunque una y otra vez a lo largo de la historia de esta línea férrea se habló de prolongar el trazado hasta Calatayud, la obra no se llegó a ejecutar: nunca se llevó a cabo la idea, y todo quedó en un sueño o una ilusión que jamás se vería cumplida. En esta segunda fase del Tarazonica, con ancho ibérico, volvió a retomarse la idea de su prolongación, pero la competencia por carretera era ya importante y otros medios de transporte como el autobús o el camión ganaron la batalla al ferrocarril.

En 1955, a los tres años de su reinauguración, la línea se cerró al servicio de viajeros, manteniéndose únicamente el de mercancías. El 31 de diciembre de 1971, tras años de decadencia, este ferrocarril fue clausurado de forma definitiva.

Aunque en estas últimas décadas se ha barajado la opción de realizar viajes en trenes turísticos por la línea, nunca llegó a materializarse esta idea. Finalmente, este ferrocarril tuvo un trágico final, ya que en el año 1995 sus carriles fueron desmantelados.

Hoy en día, y desde el 11 de junio del 2000, es posible disfrutar de una vía verde cuyo trayecto transcurre por el mismo lugar en el que años atrás silbaba el entrañable ferrocarril del Tarazonica.

La vía verde del Tarazónica

Actualmente, el antiguo trazado del ferrocarril ha sido rehabilitado como vía verde. Este trazado discurre casi en paralelo al río Queiles; por las localidades navarras de Tudela, Murchante, Ablitas, Cascante, Tulebras, Barillas y Monteagudo; y por las aragonesas de Malón, Novallas, Vierlas y Tarazona. Esta ruta discurre por el valle del río Queiles, y en sus 22 km de longitud asciende desde los 262 metros de altitud que posee Tudela a los 478 de Tarazona. Al tratarse de un terreno casi llano, el trazado carece de túneles y obras de fábrica importantes.

A lo largo del recorrido, y como explicaremos más adelante, se pueden admirar algunos monumentos, como el “Escachamatas”, la pasarela de Ablitas, el Canal de Lodosa o el Monasterio de Tulebras.

Además, en las inmediaciones pueden visitarse visitar varias bodegas, el Parque Natural de las Bardenas Reales, el Parque Natural del Moncayo, el Monasterio de Veruela o el Mirador de Malón.

Un paseo lleno de historia

Despiece 1

Algunas de las estaciones y apeaderos de la línea, como ocurría en aquella época, se encontraban apartados del casco urbano del municipio al que prestaban servicio. En muchas ocasiones, en otras líneas de ferrocarril, la estación estaba situada entre dos municipios, con intención de dar servicio a ambos. Pero debido a la distancia existente al núcleo urbano de cada una de esas localidades, realmente estas estaciones no cumplían su objetivo y no daban servicio ni a un municipio, ni al otro.

Despiece 2

El Monasterio de Veruela se encuentra situado a 15 km de Tarazona. La panorámica del monasterio con el Moncayo como telón de fondo no dejará indiferente al visitante. Se trata de una abadía cisterciense del siglo XII, situada en las inmediaciones de la pequeña localidad de Vera de Moncayo, provincia de Zaragoza. Los monjes cistercienses encontraron en estos parajes del Moncayo el silencio y la soledad que su regla monástica exigía, además de otros elementos fundamentales para la supervivencia en aquella época: piedras y agua.

Con la desamortización de 1835 el monasterio fue abandonado, pero los habitantes de la zona impidieron la ruina del conjunto gracias a la creación de una hospedería en su interior, hospedaje que fue visitado por algunos personajes de la alta sociedad del siglo XIX como los hermanos Bécquer. Entre 1877 y 1975 fueron los jesuitas los que dieron vida al monasterio, y a partir del año 1976 la Diputación Provincial de Zaragoza acometió una importante obra de rehabilitación y conservación. Actualmente, el monasterio se mantiene abierto al público y además es sede de importantes eventos como cursos, exposiciones culturales, conciertos, etc.

Eguzkiñe Urreta Okeranza

Eguzkiñe Urreta Okeranza

Soy Diplomada en Turismo por la Universidad de Deusto y en Magisterio de Lengua Extranjera (Francés) por la Universidad Pontificia de Salamanca. Además, poseo un Master de Dirección de Empresas Turísticas realizado en la Universidad de Huelva y un Posgrado de Comunicación en la Empresa Turística por la Universidad de Zaragoza. Mi trayectoria profesional siempre ha estado vinculada a las diferentes áreas del turismo (museos, guía turística, hoteles, oficinas de turismo, campos de golf…), y especialmente al patrimonio y turismo cultural. Actualmente, soy profesora en los ciclos de grado superior de turismo, actividad que compagino con otro máster que realizo por la UNED sobre educación. Siendo miembro de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Bilbao desde hace varios años y aficionada a todo lo relacionado con este universo, desarrollo mi afición desde una perspectiva muy personal y única, fusionando mis tres grandes pasiones: el turismo, el ferrocarril y la educación. Así pues, dedico mis ratos libres a la investigación y realización de reportajes sobre patrimonio ferroviario, trenes turísticos y vías verdes.

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