ruta de los castillos y fortalezas de navarra

Por la Ruta de Los Castillos y Fortalezas de Navarra

ruta_de_los_castillos_y_fortalezas_de_navarra13Érase una vez un viejo Reyno llamado Navarra donde agricultores y ganaderos habitaban en pequeñas aldeas.

Para defenderse de los moros y de sus vecinos, los sucesivos reyes medievales se pusieron manos a la obra en la construcción de plazas-fortaleza, recintos amurallados, atalayas y castillos. De norte a sur y de este a oeste, Navarra amplió su defensa a base de fosos, matacanes, saeteras, garitas y puentes levadizos.

Las guerras con Castilla, las luchas entre agramonteses y beamonteses causaron la ruina de algunos castillos, mientras otros eran cedidos a los nobles. A pesar de contar con más de un centenar de bastiones defensivos, Navarra fue perdiendo sus  castillos y fortalezas poco a poco. Tras la conquista del reino en 1512, Fernando el Católico hizo derribar los más importantes, para prevenir posibles levantamientos. En 1516 el cardenal Cisneros, regente de Castilla, ordenó nuevas demoliciones y Carlos V en 1521,  mandó derruir los pocos que quedaban. Algunos, como el de Javier, fueron despojados de sus elementos defensivos, otros fueron derribados y sus ruinas acabaron siendo canteras, de las que se sacaba la piedra para construir casas o reedificar iglesias.

Aún así, algunas de estas fortificaciones han resistido al paso del tiempo y a los avatares de la historia, llegando hasta nuestros días como testigos de nuestra historia.

La Ruta de los Castillos y Fortalezas de Navarra propone cuatro recorridos por 19 puntos estratégicos: zona norte, Comarca de Pamplona, Zona Media de Navarra y la Zona de La Ribera

En esta ocasión, nos acercamos a la Zona Media de Navarra:

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Villamayor de Monjardín

El Castillo de Monjardín ha sido testigo de grandes batallas a lo largo de su historia.

Se dice que lo construyeron los romanos, lo hicieron fuerte los moros y lo conquistaron los cristianos. Sea como fuere, lo cierto es que, en el siglo IX, fue una de las fortalezas más notables del territorio dominado por los Banu Qasi. Tras su conquista por el rey Sancho Garcés en torno al año 908, continuó siendo uno de los principales castillos medievales de la Corona de Navarra, con el nombre de San Esteban de Deyo. Sus ruinas dominan el alto del cerro.

En las afueras del pueblo, un camino de tierra, nos lleva a la “fuente del moro”, de cuya historia he encontrado distintas versiones. Entre las más debatidas está la que cuenta que nada tiene que ver con la época árabe y que este aljibe medieval fue construido hacia el año 1200, para refrescar y permitir el lavado de los peregrinos que realizan la ruta jacobea.

Por otro lado, podemos leer que se trata un aljibe construido por los musulmanes en el s. IX cuando el Castillo y el pueblo les pertenecían. A la fuente se accede por una fachada de doble arco, desde la que desciende hacia el agua, que mana del fondo, una amplia escalinata. La techumbre de la fuente fue reconstruida recientemente, respetando la apariencia que debió de tener en el pasado.

Tiene una superficie de siete por cuatro metros, así como tres metros de profundidad.

El Cerco de Artajona

Empinadas cuestas, nos llevan a la fortificación medieval más importante de la Zona Media de Navarra.

El origen de esta fabulosa fortificación, conocida como «El Cerco», se remonta al año 1085, fecha en la que se iniciaron los trabajos encargados por los canónigos de Saint Sernin, de Toulouse, obras que finalizaron en 1109. El lugar ha sido, a lo largo de los siglos, anhelado por reyes, señores y clérigos, lo que provocó numerosas luchas que hicieron necesarias varias reconstrucciones de la fortaleza, especialmente durante el reinado de Carlos II el Malo (XIV).

Este conjunto amurallado tuvo originariamente catorce torreones almenados, de los que sólo quedan nueve, unidos por el camino de ronda. Podemos acceder al recinto por cualquiera de los dos primitivos portales que se conservan, el de San Miguel y el de Remahua.

El conjunto medieval está coronado por la iglesia-fortaleza de San Saturnino; además de ejercer de campanario, supuso un importante punto de vigía, un sólido e imponente edificio del siglo XIII, declarada Monumento Histórico Artístico.

Ya en la carretera, de vuelta a casa, vimos la indicación que lleva a los Dólmenes de Artajona: El Portillo de Eneritz y el Dolmen de La Mina.

Debido a las intensas lluvias caídas este invierno, la pista de 4 kilómetros estaba intransitable por lo que aparcamos el coche donde pudimos y nos acercamos andando.

Nos quedamos en El Portillo de Eneritz, el más cercano y accesible. Éste es un dolmen de corredor, con cámara poligonal de 9 losas, que carece de cubierta (actualmente), con la cámara y el corredor separados por una losa de figura ovalada, a modo de puerta. Se sitúa en medio del collado del que recibe el nombre, seguramente controlando este antiguo e importante camino a la vez que el control visual de un amplio territorio, tanto al norte como al sur.

Sin duda volveremos esta primavera para poder disfrutar ampliamente de la zona y sus vistas.

«El Cerco de Artajona» y los Dólmenes están declarados Bien de Interés Cultural.

Acerca de Vicky Duro

Soy miembro de AEFONA (Asociación Española de Fotógrafos de la Naturaleza) y Focus on Planet, así como socia de El Ojo Vago. También puedes seguirme en www.dereflex.net Actualmente trabajo para DMC Gestión de Destinos, S.L y HAIZELAN Sociedad Coperativa en la ilustración de guías de rutas y viajes, folletos y planos.

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