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Las rutas como “agente matrimonial” del patrimonio y el turismo

Las salinas de Imón, en Guadalajara, por las que discurre una de las Rutas de Don Quijote. Están catalogadas como Bien de Interés Cultural, aunque su protección ha sido a todas luces insuficiente

Las salinas de Imón, en Guadalajara, por las que discurre una de las Rutas de Don Quijote. Están catalogadas como Bien de Interés Cultural, aunque su protección ha sido a todas luces insuficiente

Se suele decir que la conservación del patrimonio es incompatible con el turismo, actividad que pretende hacer uso y disfrute de él. Todos tenemos en la mente a Venecia como ejemplo de la presión que puede llegar a ejercer el turismo sobre el patrimonio, al que paradójicamente se suele necesitar para financiar su conservación. En el ámbito rural, en cambio, se tiende a ver el turismo como la panacea para resolver los problemas crónicos de falta de financiación para la conservación de un patrimonio mucho más modesto. Imaginamos que la llegada de los urbanitas a nuestras casas rurales automáticamente nos va a permitir recuperar esa ermita o ese palacio que están abandonados, aunque el visitante por lo general orienta sus intereses a actividades más mundanas y ese patrimonio queda invisible a sus ojos. Entre estos dos extremos, las rutas han sabido encontrar un camino intermedio que beneficia a ambos de una forma serena y sostenible. Si te interesa, sigue leyendo…

El turismo tira del carro, aunque conviene mirar más allá de cifras y visitantes

turismo internacionalEl verano avanza y ya ha comenzado el baile de cifras y datos de ocupación, al calor de la buena respuesta que está teniendo el turismo internacional en España. Gracias al repunte de algunos de nuestros más tradicionales mercados emisores como Reino Unido, Alemania y Francia, unido al crecimiento de visitantes procedentes de otros lugares como Rusia o países nórdicos están dando como resultado una ocupación cercana al 100%, especialmente en la costa española. Cataluña, Baleares, Canarias, Comunidad Valenciana y Andalucía siguen a la cabeza, aunque queda de manifiesto incluso en estas regiones, la clara desigualdad entre los destinos de costa y los de interior.

Conviene no lanzar las campanas al vuelo. El aumento en la llegada de visitantes extranjeros puede responder a factores externos a la oferta española, que no es que haya hecho mucho por reciclarse. El conflicto en Egipto, uno de los principales competidores de España, está desviando muchos turistas “prestados” a nuestro país. De todos nuestros destinos, el más beneficiado puede ser Canarias, cuya temporada alta en invierno está siendo ya un gran reclamo para tour operadores internacionales. Luego hay que tener en cuenta la marcada estacionalidad de nuestra oferta, que sigue dependiendo sobremanera del segmento sol y playa.

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